Chuzos de punta
El otro día se vino sobre Madrid una tremenda tormenta. Los aviones están preparados para operar en condiciones climatológicas adversas, pero la prudencia aconseja que, en ocasiones, vale más más darse la vuelta que enfrentarse a un problema seguro.
Y eso fue lo que pensaron los pilotos de más de 30 vuelos que ese día decidieron no aterrizar en Barajas y tuvieron que ser desviados a los aeródromos más cercanos. En cada plan de vuelo, documento imprescindible para volar en espacio aéreo controlado español, se especifica un aeródromo alternativo, un segundo aeropuerto al que proceder en el caso de problemas. La mayoría de los vuelos que tienen como destino Madrid, figuran Valencia o Alicante como su alternativo. Son dos aeropuertos de tamaño medio - grande, en los que las mayorías de las compañías tienen infraestructura, la climatología suele ser benigna y no están demasiado alejados de Madrid.
Desde el punto de vista del control, esto es una desgracia. La mayor parte del tiempo estamos “regulados”. Cada sector de control, cada torre, cada parking de aeropuerto tiene una capacidad determinada que no es conveniente superar, bien por tamaño, donde caben tres, no caben cuatro, bien por seguridad que siempre se ve aumentada con el número de tráficos. Fue una impresionante tarde. Esos días, aunque haya unas capacidades declaradas que no se pueden superar, esta claro que no se pueden dejar aviones en el aire. Los que están, hay que traerlos. A ello se añade que muchos de ellos vienen cortos de combustible, no pueden esperar por mucho tiempo en el aire antes de declarar una emergencia por falta de “sopa” y que el ambiente que suele haber dentro de las aeronaves no es precisamente de alegría por irse unas horas “a la playa.”
Y sin embargo, no pasó nada. Aunque en la mayoría de los trabajos no sea así, los controladores nos alegramos cuando hay “faena”. Todos seguimos con avidez la aparición de las estadísticas mensuales de movimientos, y comprobar que nuestras dependencias siguen creciendo es motivo de alegría para muchos. Ese día no pasó nada. No salió nada en la prensa, no hubo felicitaciones por parte de los jefes. Simplemente, hicimos nuestro trabajo. Llegas a casa con una sonrisa tonta, con la espalda hecha trizas de mirar a la pantalla, con la boca seca de tanto hablar y tu mujer te pregunta. “¿que tal hoy?” y contestas, “Mucho lío”. Pero nada más. “Mucho lío” y que tienes uno de los trabajos más bonitos del mundo.
Saludos,
K.
Febrero 3rd, 2008 at 11:25 pm
Si, sin duda el hacer llegar a sus casa a miles de personas al dia es digno de un merecido premio, sin duda uno de los mejores trabajos del mundo…
Saludos!
Huberto, http://hubertoalonso.es