Voy perdiendo la capacidad de asombro ante la desfachatez de los políticos, pero no puedo dejar de seguir denunciando las cacicadas que se siguen cometiendo impunemente, sin que haya una voz autorizada que ponga fin a estos desmanes: El consejo de ministros ha dado luz verde a la construcción de un nuevo aeropuerto en Murcia. Además de los de Ciudad Real y Castellón, ahora éste.
Una nueva infraestructura debería ser siempre bienvenida, pero esto es matar moscas a cañonazos. La ubicación de este aeropuerto está justo en medio de una zona militar restringida, la R-63, que está dedicada a la formación de pilotos de combate del ejército del aire, con base en San Javier, Murcia. También está muy cercana la base de Armilla, donde se realizan frecuentemente ejercicios de paracaidismo, también militares. Es una viejísima aspiración del centro de control de Valencia el poder contar con un poquito más de espacio aéreo en el entorno del aeropuerto de Alicante (80.000 movimientos y más de 9 millones de pasajeros el pasado 2007) que ha venido siendo denegada sistemáticamente por los responsables militares. Esto nos está obligando desde hace años a trabajar con una situación complicada y poco desable: Poco sitio y mucho avión. Además, los tráficos de la R-63 van pilotados por alumnos en aprendizaje. Su pericia no es la más adecuada para lidiar con entornos complejos, y ahora la situación se enrevesará aún más.
Además del aeropuerto de Alicante, la base de San Javier, también cuenta con abundante tráfico civil, unos 20.000 movimientos y más de 2 millones de pasajeros el pasado año. Con el nuevo aeropuerto, serán 3 las infraestructuras que coexistan, sin lugar a dudas demasiadas para tan poco espacio, lo que dificultará aún más las cosas. Por otro lado, la demanda de pasajeros lleva años con incrementos más que modestos en comparación a la media nacional: Tanto la costa alicantina como la murciana tiene unas infraestructuras turísticas asentadas y estables, por lo que no es previsible un crecimiento a medio plazo de visitantes que aconsejaran la inversión.
Pero aquí todo Cristo quiere tener su aeropuerto. Si no es internacional, entonces ya no eres ni de segunda. No tendrás un montón de constructores agradecidos por el pastel de la obra que se acordarán de tí cuando pierdas las elecciones, especialmente ahora que el ladrillo residencial va perdiendo fuelle: Una obrita de 100.000 millones de pesetas nos viene que ni pintada para salvar los cuartos unos cuantos años. Por no hablar de lo que farda inaugurar un mamotreto de este tipo, y el colgarse semejante medallón, aunque en el reverso ponga: “Aquí yacen 6.000 millones de euros de los contribuyentes murcianos”
El futuro, no obstante, es bastante previsible. Los constructores habrán cobrado su obra y desaparecido del mapa. Nadie se acordará del político ¿tonto? que promovió ese desaguisado mientras él duerme en un cómodo sillón de un consejo de administración de una reputada S.A. “Mamá” AENA, por decreto, igual que la creación, se hará cargo en unos años de la deficitaria infraestructura, metiéndola en el mismo saco que todas las demás, para, mientras se mantenga la más que necesaria unión de los aeropuertos, sus pérdidas sean enjugadas por las rentabilidades de las grandes. Un lastre más que quitará margen para acometer otras empresas más necesarias, eficaces y útiles.
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Salud. Ante todo, mucha salud.
P.